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Vivir con depresión

Mi perro y yo

Por Marina Velasco, The Huffington Post, 2019

 

Kaye Blegvad (Londres, 1987) siempre ha sido más de tener gatos, pero la historia de su vida se titula Mi perro y yo (Libros del Zorro Rojo). En este ensayo visual, Blegvad narra e ilustra lo que es para ella vivir con depresión —y reconciliarse con ella— sin nombrarla: usando un perro como metáfora.

“La idea del perro negro como símbolo de la depresión no es nueva; data de la época de los romanos”, explica la ilustradora a El HuffPost Life por correo electrónico. “Cuando era adolescente y luchaba contra la depresión, mi padre me contó esa metáfora, esa idea de un perro negro que te sigue; y se me quedó grabada”, cuenta.

Tanto le marcó esa imagen que Blegvad la llevó al papel en 2017, primero digitalmente a través del medioonline BuzzFeed y luego físicamente gracias a una campaña de crowdfunding con la que recaudó cinco veces más el dinero que necesitaba para publicar su historia (en inglés). Este 23 de octubre, Mi perro y yo llega a España de la mano de la editorial Libros del Zorro Rojo, que ha cedido a El HuffPost las primeras imágenes de este libro concebido con el deseo de “comunicar lo que uno siente cuando está en ese lugar oscuro”.

Aunque es “metafórica y está abierta a la interpretación”, la novela da algunos detalles sobre la vida de Blegvad, como que su perro apareció cuando ella apenas tenía 3 años. “Puedo ver patrones y hábitos de esa época que claramente están relacionadas con dificultades que he tenido de mayor”, señala. “De pequeña me ponía muy nerviosa sin motivo aparente. Mi madre decía que siempre estaba dándole vueltas a las cosas, me daba miedo tomar decisiones, y me daba miedo lo que pudiera ocurrir después de tomarlas”.

Una cicatriz en la palma de su mano le recuerda todavía cómo “las dudas y el miedo” ya se “apoderaban” de ella siendo tan pequeña. Ocurrió en unas vacaciones en la costa inglesa. El hecho de tener que decidir entre ir con su madre de paseo o quedarse en casa le hizo sentir tanto pánico que acabó corriendo tras ella y cayéndose por unas rocas resbaladizas. “Me quedé realmente paralizada”, cuenta. “Es una tontería, pero siento que fue una experiencia clave; esos sentimientos y miedos son parte de lo que luego me ocurriría”, plantea Blegvad.

Pasaron los años y la ilustradora fue aprendiendo formas de amaestrar a su perro. “El proceso continúa —reconoce Blegvad—; la depresión va y viene”. “Ahora estoy mucho mejor que cuando era adolescente o cuando tenía 20 años. A veces tengo que tomarme unos días o semanas libres sin ir a trabajar, pero en general estoy bien”.

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