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Perros de tinta que muerden

Mi perro y yo

Manuel Garrido, Culturplaza, 2019

Cuentan las crónicas que Winston Churchill, aquejado durante toda su vida de «intermitentes episodios de melancolía» —incluso en el momento álgido de su carrera y en una época en la que la salud mental era un tabú todavía más invisibilizado que en la actualidad— definió a su depresión como un «perro negro», que se llegaría a convertir en un personaje habitual en las charlas de su círculo más íntimo. Con punzante ironía británica, la idea del perro como el mejor amigo del hombre, aquél que lo acompaña fielmente hasta el lecho de muerte, transmutaba así en una presencia determinante, violenta, agotadora y constante; en una metáfora que parece haber quedado fijada en el imaginario colectivo del mundo anglosajón.

Prueba de ello es el libro ilustrado Mi perro y yo (Libros del Zorro Rojo), de Kaye Blevgard, en el que la autora comparte su experiencia con la depresión a través de la figura del perro negro con quien convive desde su nacimiento y al que trata de amaestrar a lo largo de los años. Una figura retórica que le permite distanciarse de su propia historia para compartirla con los demás de una manera más relajada y con una menor exposición pero, eso sí, con una brutal sinceridad: «la depresión es como tener un perro malo. Este es un libro sobre cómo aprender a vivir con ese perro, adiestrarlo, hacer las paces con él y darse cuenta de que no se está solo».

Kaye Blegvad (Londres, 1987), elabora un ensayo visual de una gran sobriedad y de una tremenda eficiencia comunicativa que prima la honestidad y la inmediatez por encima de cualquier floritura accesoria para ir al meollo del texto y de la ilustración con un tono riguroso y desnudo a base de pincel y tinta china.

A lo largo de 64 páginas, la autora narra cómo nació con el perro, cómo éste se volvió medio loco en la adolescencia llegándole a morder encarnizadamente y cómo le siguió acompañando en la edad adulta trayéndole regalos autodestructivos con los que revolcarse en el dolor; paralizándole y sometiéndole en las relaciones tóxicas y saboteándole en las sanas —»[al perro] le cuesta identificar correctamente las amenazas»—; poniendo en peligro su trabajo, sus proyectos artísticos… hasta conseguir amaestrarlo, perdiendo el miedo a sacarlo a jugar con los perros de otras personas —de algunas, pues su perro no se lleva bien con todos los perros— con las que aprender juntas a manejarlos, llevándolo al especialista aunque le cueste una fortuna —»es el dinero mejor invertido»— y sacarlo a pasear sin vergüenza pues —aunque tardó en darse cuenta de ello— la mayoría de las personas tiene uno y cada vez más gente lo saca de paseo.

Dog Years —tal como fue titulado en su origen— nació a principios de 2017 como una presentación para una charla que Blegvad ofreció en la Society of Illustrators de Nueva York, en un ciclo de conferencias sobre «la supervivencia» y, más tarde, fue publicada en línea en el portal de entretenimiento BuzzFeed en formato scroll —deslizando en vertical de arriba a abajo de la pantalla— durante la semana de la salud mental. Tantos fueron los mensajes de agradecimiento que recibió por parte de personas que se sintieron menos solas al leer su historia y tan grande fue el entusiasmo de diferentes profesionales de la salud mental que reconocieron su enorme potencial didáctico y divulgativo, que Blegvad decidió autoeditar su historia en formato álbum, añadiendo nuevas ilustraciones y sintetizando aún más los bloques de texto para construir un hermoso libro apaisado que vio la luz a finales de 2017 gracias a una campaña de micromecenazgo que consiguió quintuplicar la recaudación de su meta inicial. Finalmente, en septiembre de este año llegaría su edición en castellano por parte de Libros del Zorro Rojo —con traducción de David Paradela— ampliando así la repercusión de esta historia empoderadora a todo el ámbito hispanohablante.

Un relato sincero, honesto, deslumbrante y esperanzador, que contribuye a derribar el estigma de las enfermedades mentales y que pone sobre la mesa un problema muy serio que muchas personas no son capaces expresar, de una manera abierta, natural y desacomplejada. Un libro sorprendente en una época en la que prima el postureo, la compartición en redes de los momentos felices, lujosos y excepcionales, y en las que son pocas las personas que hablan sin ambages de la crudeza de la vida, equilibrando poco a poco la balanza de una una sociedad infantilizada que busca la felicidad permanente al tiempo que oculta la falta, el error, la mancha en el historial.

Consigue Mi perro y yo aquí.