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La guerra de las salamandras

La guerra de las salamandras 

Infobae, 26 de agosto de 2022. 

Mi primera lectura de este texto fue en mi temprana adolescencia de nerd; era una edición en rústica de tapa blanca con franjas horizontales marrones, que me había comprado mi padre en alguna librería de viejo cercana a la dependencia del Ministerio de Salud Pública donde trabajaba por las tardes.

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Recordé haber amado mucho el libro de Capek por entonces, al punto de que no dudé en pedir que me enviaran un ejemplar cuando me enteré de la aparición de esta nueva edición –que merece calificarse como “de lujo”– publicada por Libros del Zorro Rojo.

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Esta nueva edición de La guerra de las salamandras equivale a la aplicación de un engarce moderno a una joya antigua, porque está complementada (en realidad, muy enriquecida) por las ilustraciones, algunas cercanas al cubismo de Fernand Léger, otras totalmente de arte pop que recuerdan a Roy Lichtenstein o Andy Warhol, y otras al cartelismo del constructivismo ruso. Son de Hans Ticha, un artista checo contemporáneo (nació en 1940), que dedicó veinte años a elaborar estas piezas.

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La guerra de las salamandras es una fábula irónica y distópica inspirada por el ascenso del nazismo. Significativamente, Capek murió de neumonía tres meses antes del ingreso del ejército alemán de ocupación en Praga. Entre las muchas siniestras anticipaciones que incluye, está la de los experimentos que harían los supuestos científicos del nazismo (el más conocido fue el siniestro Dr. Mengele) con los prisioneros de los campos de concentración; aquí los practican con los pobres animalitos…

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Además de esas estufas de hierro que dan tanto calor, las salamandras comunes son unos anfibios urodelos, comunes en Europa, y en la novela devendrán una metáfora que podría representar a la clase obrera de todos los países.

La historia comienza cuando el capitán de un barco que pesca perlas (para lo que emplea los mal remunerados servicios de buceadores cingaleses) descubre que los nativos no se atreven a zambullirse en cierta bahía en la que abunda su mercancía porque, según ellos, está poblada por diablos. Estos “diablos” resultarán ser las salamandras y el deseo del capitán de utilizar los servicios de estos inteligentes animales para extraer las perlas desencadenará un aquelarre de acontecimientos, contados con prosa ágil y entretenida, y cargados de humor amargo.

El texto incluye citas apócrifas de medios de prensa, declaraciones, conferencias, tratados universales, todo lo generado por la irrupción y crecimiento indetenible de la población de salamandras, a quienes los hombres, en su codicia, educan para trabajar y producirles beneficios hasta que… se les escapan de las manos.

Es una alegoría demoledora acerca de las ambiciones irrefrenables de las clases dominantes, la lógica demente que provoca conflictos mortíferos, el crecimiento de los prejuicios, la imposibilidad de contener expansiones territoriales “justificadas” con falacias (nada lejos de la teoría del Lebensraum, espacio vital, que alimentó a los diversos imperialismos y que fue uno de los fundamentos del nazismo).

Es un libro de 330 páginas que no se puede dejar de leer. Y más todavía en esta suntuosa edición impresa en… Letonia, una de las repúblicas bálticas –junto a Estonia y Lituania–; una prueba más de que la globalización que anuncia la novela ya está vigente, al menos en lo comercial. No se priven de disfrutar de La guerra de las salamandras.