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Kafka no quería cucarachas

Por Piu Martínez, Gráffica, 2018

Puede resultar una afirmación un tanto categórica, pero es un hecho constatable el que buena parte de los lectores adultos que ejerzan como tal, han tenido entre sus manos y leído esta novela. Es muy posible incluso que guarden algún ejemplar de ella entre los libros que llenan los anaqueles de sus estanterías. 

Esta otra afirmación puede que también les resulte rotunda, pero es un hecho que buena parte de los editores del planeta han tenido la tentación o han publicado una nueva edición de esta novela, tal vez una edición ilustrada, adaptada, simplemente una nueva traducción… una metamorfosis de la novela primigenia. Este pequeño conjunto de apuntes no se presenta “con ocasión de la publicación de una nueva edición de una de las obras cruciales en la evolución de la narrativa de ficción del XX: La metamorfosis (Die Verwandlung) de Franz Kafka”. No, ya que cada año se publican decenas de ellas en todas las lenguas y territorios posibles habitados por el hombre (solo en nuestro país se han publicado más de 50 distintas en los últimos 15 años).

A partir de esta pequeña apreciación y a propósito del simbolismo del autor checo, probablemente el subconsciente del lector esté visualizando de manera simultánea a la lectura de estas líneas, la imagen de una cucaracha. Esto es así porque muchos de los lectores de finales del XX y principios del XXI no han visto cubierta alguna de La metamorfosis en la que estos insectos ortópteros no aparezcan por doquier, un detalle gráfico que horrorizaba al mismísimo autor y que además trató de evitar poco tiempo antes de la publicación de la primera edición del libro con esta carta a G. H. Meyer, de la editorial de Kurt Wolff:

Praga, 25 de octubre de 1915

Muy señor mío,
Recientemente me comunicaba Vd. que Ottomark Starke dibujará una portada para la Verwandlung. Esto me ha producido un pequeño sobresalto, sin duda harto innecesario en tanto que tan sólo conozco al artista por el Napoleón. Pues se me ha ocurrido, dado que Starke en efecto ilustra las obras, que tal vez podría querer dibujar el insecto en cuestión. ¡Eso de ninguna manera, por favor! No pretendo coartar su libertad de expresión sino que se lo pido desde mi condición de —obviamente— mejor conocedor de la historia. El insecto en sí no puede ser dibujado. Ahora bien, ni siquiera puede mostrarse desde cierta distancia. Si de entrada no existiese intención de hacer tal cosa y, por consiguiente, mi ruego resulta ridículo, tanto mejor. Le quedaría muy agradecido si transmitiera e insistiera en este ruego mío. Si yo mismo tuviera oportunidad de hacer alguna sugerencia para una ilustración, escogería escenas como, por ejemplo, los padres y el procurador ante la puerta cerrada o, mejor aún, los padres y la hermana en la estancia iluminada mientras se ve la puerta abierta que da al cuarto vecino, completamente a oscuras. Habrá recibido ya las diversas correcciones y comentarios. 
Mis cordiales saludos, suyo afectísimo,

Franz Kafka

La novela fue publicada en 1915 (aunque con fecha de 1916) siguiendo las indicaciones del autor: en la cubierta, Starke, siguiendo los designios de Kafka y con el beneplácito del editor Kurt Wolff, había dibujado al padre de Gregorio llevándose las manos al rostro ante una puerta abierta que mostraba una habitación a oscuras.

Pero ¿cuál era el inusitado interés de Kafka por que “el insecto en cuestión” no apareciera en la cubierta de su novela? ¿por qué ni siquiera lo mentaba de manera explícita? Las distintas traducciones a lo largo de los años han hecho evolucionar al “bicho” a la par que se han ido adaptando a otros tipos de lector, perdiendo en ocasiones matices de vital importancia para tratar de comprender la angustia, lucidez y sentido del humor del autor.
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