Cartilla escolar antifascista

Ministerio de Instrucción Pública (1937)
Texto: Fernando Sáinz y Eusebio Cimorra
Diseño: Mauricio Amster
Fotografía: José Val del Omar y José Calandín
Seleccionada entre las 15 obras más representativas del arte español (Europeana)

18,90

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Dimensions 17 × 24 cm
Encuadernación

Rústica

Pàgines

96

Publicació

24/03/2021

ISBN: ISBN: 978-84-122705-5-6
«Las cartillas ponen en evidencia el carácter propagandístico que tiene toda enseñanza, toda instrucción pública, asumiendo esta función sin miedo alguno a llamar las cosas por su nombre. Crean un terreno de juego o espacio lúdico en medio de la administración de muerte que es la guerra y que es capaz aquí de jugar con balas, tanques y aviones como si fuesen canicas, huevos o gallinas.»  Pedro G. Romero

Con el estallido de la guerra civil española, los avances conseguidos hasta entonces por la República en materia de educación popular se detuvieron. Pese a todo, en octubre de 1937, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes puso en marcha la primera campaña estatal de alfabetización, que hizo posible que un millón de soldados del bando republicano aprendiesen a leer, escribir y contar durante los años que duró la contienda.

Dependientes de este órgano arrancaron su labor las Milicias de la Cultura, responsables de la distribución en el frente de todo tipo de material de lectura: libros, mapas y una peculiar publicación, la Cartilla escolar antifascista, cuya misión no era solo la de alfabetizar a los jóvenes milicianos, sino también la de inculcar el ideario y las consignas políticas del gobierno en su lucha contra el fascismo.

Noventa años después de la proclamación de la II República, recuperamos este singular manual de lectoescritura y de aritmética, que aúna educación matemática y de lengua, propaganda política y arte de vanguardia. La presente edición incluye ambas cartillas —el silabario y el libro de aritmética—, una pequeña muestra del cuaderno de ejercicios, el cartel Las Milicias de la cultura luchan contra el fascismo, diseñado por Mauricio Amster, y Nuestros bárbaros, un lúcido ensayo inédito del artista e historiador del arte Pedro G. Romero.

La Cartilla sirvió como panfleto reivindicativo tanto en la lucha por la democratización de la cultura como en la lucha contra la represión. Hoy día, continúa siendo una representativa muestra del arte de resistencia, pero también de las múltiples aportaciones, anhelos y logros de la República.

Premsa

«Educación, educación y educación. Ese era el lema, el propósito, el horizonte, el fin y los medios al mismo tiempo. Los milicianos hacían instrucción y aprendían a leer y a escribir en las trincheras. No fue solo una experiencia insólita y una iniciativa admirable, también fue una suerte de oscura premonición.»
Almudena Grandes (La Insignia)
«Un oasis de enseñanza entre el estruendo de las bombas.»
Mónica Zas (elDiario.es)
«La ética y la estética de un momento reconocible, articulados en un contexto escolar: una pirueta que reunió lo cotidiano y lo vanguardista.»
Raúl Minchinela (elDiario.es)
«Por su innovadora pedagogía, su diseño, sus ilustraciones y su tipografía, la cartilla se revela como una brillante prueba, otra más, del espíritu vanguardista que desde 1931 hasta avanzado 1938 impregnó el ingente esfuerzo republicano por sacar del subdesarrollo educativo a España.»
Eugenio Fuentes (El cuaderno)
«La "Cartilla escolar antifascista" hizo posible que un millón de milicianos aprendieran a leer, escribir y contar, saberes que consideraron esenciales incluso en los tiempos más convulsos de la historia de España porque, con ellos, también se podía vencer al ideario falangista.»
José Antonio Luna (elDiario.es)
«La idealización de la Segunda República debería ser contrastada con informaciones y fuentes de primera mano. Y la publicación de libros como estos contribuyen a hacer una fotografía más en color y en relieve.»
Xavier Díez (La Directa)